Cero cuotas, para siempre
Las grandes cobran cuarenta o cincuenta euros al mes, todos los meses, mientras tengas la alarma puesta. Aquí pagas el equipo una vez y se acabó. En dos años la diferencia se cuenta en miles.
Sensores, sirena y aviso al móvil, instalado por nosotros en Elche, Torrellano y alrededores. Se paga el equipo una vez y ya está: aquí no hay cuota, ni permanencia, ni una central cobrándote todos los meses.
La diferencia no está en el equipo, que se parece bastante en todas partes. Está en lo que pagas cada mes y en quién se entera cuando pasa algo.
Las grandes cobran cuarenta o cincuenta euros al mes, todos los meses, mientras tengas la alarma puesta. Aquí pagas el equipo una vez y se acabó. En dos años la diferencia se cuenta en miles.
No hay un año de compromiso ni penalización por dejarlo, porque no hay nada que dejar. El material es tuyo desde el primer día: si un día te mudas, te lo llevas.
Te lo decimos claro y por delante: cuando salta, aquí no llama nadie por ti. Suena la sirena y te entra el aviso al móvil con la zona exacta. A partir de ahí decides tú, que para eso es tu casa: mirar la cámara, avisar al vecino que vive al lado o llamar tú mismo al 091.
La policía no sale porque suene un sensor: antes hay que confirmar que hay alguien dentro. Dos sensores seguidos, o una llamada para descartar falsa alarma, y los minutos corriendo. Aquí el aviso te llega directo, sin intermediario.
Si hay que venir a mirar algo, venimos. No hay un teléfono nacional ni un técnico que tarda dos semanas: estamos en Torrellano.
Si ya tienes videovigilancia nuestra, la alarma se monta encima. Salta el sensor y abres la cámara de esa zona para ver qué ha sido, sin salir de la misma app.
El sistema se arma a medida, según cuántos accesos tengas y qué quieras cubrir. Esto es lo que solemos instalar.
Un contacto en cada acceso. Si alguien abre por donde no debe con la alarma puesta, salta al momento. Van pegados, sin obra y sin cables a la vista.
Cubren el interior: el pasillo, el salón, la zona de paso obligado. Si entran por donde sea, en cuanto se muevan dentro se detecta.
La de dentro para que el que ha entrado se vaya por donde vino. La de fuera para que se entere el vecindario. La mayoría de los robos se marchan solos en cuanto suena.
No todo son ladrones. Los mismos sensores pillan un incendio empezando, una lavadora que revienta o un escape. En una casa vacía, enterarte a tiempo es la diferencia entre un susto y una reforma.
La armas como te venga bien: con el mando al salir por la puerta, con el teclado de la entrada, o desde el móvil aunque estés a doscientos kilómetros.
En cuanto salta te entra la notificación con la zona exacta. No un aviso genérico: qué sensor ha sido, dónde y a qué hora.
Los cuatro casos que más nos piden por aquí. Ni son lo mismo ni piden lo mismo.
Accesos y zonas de paso. Lo normal es armar por la noche solo la planta baja y el perímetro, para poder moverte por arriba sin que salte.
Meses cerrada y a veinte minutos de distancia. Aquí el aviso al móvil vale más que la sirena: te enteras el mismo día, no en agosto cuando vuelves.
Cierras a las ocho y hasta la mañana siguiente no vuelve nadie. La alarma cubre esas doce horas, y el aviso te llega a ti.
Mucho metro, poca gente y material caro dentro. Se cubren los accesos y los puntos donde de verdad hay algo que llevarse.
Cuatro pasos, y ninguna sorpresa en la factura.
Nos cuentas qué quieres proteger y cómo vives la casa. Con cuatro preguntas por teléfono o WhatsApp ya nos hacemos una idea.
La visita no cuesta nada. Miramos los accesos, contamos puertas y ventanas y vemos dónde va cada cosa. De ahí sale un precio cerrado.
En una mañana suele estar puesto. Los sensores van pegados: ni picar paredes ni cables por la vista.
No nos vamos hasta que la armas y la desarmas tú solo, y hasta que has visto entrar el aviso en tu móvil. Ese es el paso que más se agradece.
No. Nuestra alarma no está conectada a ninguna central receptora, así que no hay nadie vigilando la señal por la noche ni acude un vigilante. Cuando salta, suena la sirena y el aviso te llega a ti al móvil, con la zona exacta. A partir de ahí decides tú: llamar al 091, avisar a un vecino o mirar la cámara. Es un sistema distinto al de las alarmas con cuota, y por eso tampoco cuesta lo mismo.
La sirena suena igual, que es lo que echa a la mayoría. El aviso te espera en el móvil hasta que vuelvas a tener línea. Si vas a estar fuera y sin cobertura, lo suyo es que el aviso llegue también al móvil de alguien de confianza que esté cerca.
Para que te llegue el aviso al móvil, sí: el equipo tiene que poder salir a internet. Si el sitio no tiene línea, eso lo resolvemos nosotros, que es a lo que nos dedicamos. En una finca o una nave sin cobertura, montamos primero el internet por aire y encima la alarma.
No, si está bien puesta. Los detectores de ahora distinguen el tamaño y la forma de lo que se mueve, y se colocan pensando en si hay animales en casa. Dínoslo en la visita y lo tenemos en cuenta al elegir el sitio de cada uno.
Sí, y en una casa es lo más práctico. Por la noche dejas armada la planta baja y el perímetro y puedes moverte por arriba sin que salte. Al salir por la mañana, la armas entera.
No. Los sensores van pegados y sin cables a la vista. Lo único que a veces pide algo de trabajo es la sirena exterior, porque conviene ponerla alta y donde no se alcance.
Sí. Se empieza por lo importante y se van añadiendo sensores según haga falta: la ventana del baño que no pusiste, el trastero, el detector de agua debajo de la lavadora.
Sí. El equipo lleva batería propia y aguanta un buen rato sin corriente. Y si además se cae el internet, la sirena suena igual: eso no depende de la línea.
Cuéntanos qué quieres proteger y quedamos para verlo. La visita y el presupuesto no cuestan nada, y si el sitio no tiene línea, salimos de ahí con el internet y la alarma resueltos de una vez.